martes, 21 de agosto de 2012

Conversaciones con el espejo. 21/08/2012

-Nunca nos entenderán amigo mío, el mundo ha perdido esa magia.
-No lo entiendo, ¿realmente el mundo ha cambiado tanto?

-No en todos los casos ni lugares, pero sí ha afectado a las personas que más en contacto están con la gente  de hoy en día.
-¿Dónde queda la gente que hacía cosas por amor?

-El amor ha cambiado mucho en las últimas décadas, empiezo a creer sinceramente que ya no existe ni el amor ni el respeto como lo conocíamos, ahora se reduce a un mero contrato verbal (que más de la mitad de las veces se incumple) que posteriormente y si los afectados tienen ganas se convierte en un contrato escrito(que otro tanto de lo mismo).
-Pero antes la gente se casaba por el sentimiento que representaba, ¿no es cierto?

-Sí, pero hoy en día el mundo lo rige el egoísmo. Es lo que nos enseña todas y cada una de las cosas que vemos u oímos a diario. La gente es tan egoísta que lo único que en realidad buscan es no sentirse mal consigo mismo, la manera en la que lo consigan no importa.
-Pero realmente siempre ha habido esa maldad predominante, ¿no?

-Sí, es probable que sí, pero ahora por primera vez su dominio está matando al verdadero amor, que no era otro que el de la lucha y sacrificio por el máximo objetivo.
-Pues yo conozco a gente que dice que no son nada egoístas y que el egoísta es el que ama porque intenta poseer.

-Amigo, esos son los peores, no sólo son hipócritas sino además saben exactamente cómo debes de vivir tu vida mas no saben ni vivir la suya. La gente da consejos muy fácil, cuando se trata de otros que no son ellos. No obstante si algo similar ocurre en algún momento de su vida se transforman, ves como actúan de forma totalmente distinta, engañan a su pareja por venganza etc etc, el ojo por ojo vaya y encima te dicen "no es lo mismo". La máxima de este mundo es utilizar al que tienes al lado para tu propio beneficio.
-Vaya, y ¿por qué ocurre esto?

-Porque, amigo mío, en el mundo de hoy no cuenta lo que uno es de verdad, sino lo guay y moderno que aparenta ser ante sus amigos, lo abierto y tolerante que supuestamente se es ante la sociedad, por eso los que decimos lo que realmente pensamos y actuamos en consecuencia no tenemos sitio aquí, por eso nos tachan de machistas, controladores, celosos... cuando en la misma situación ellos actuarían igual.
-Bueno, tampoco es que nunca te equivoques.

-No no, en efecto. Pero me diferencia que cuando eso ocurre, no me siento feliz y orgulloso y tú sabes, que no estamos a gusto. Por no hablar de que ellos jamás tuvieron una verdadera guerra como la que nosotros pasamos hace años.
-Eso es cierto. Y... una pregunta, ¿qué ocurrió ayer? me diste un día movido.

-Ah... lo de siempre, cada uno remó para un sentido distinto.
-Vaya, ¿otra vez?

-Sí, de nuevo no nos entendimos, pero esta vez nadie acabó por dar su brazo a torcer.
-¿Por qué?

-Porque en esta ocasión es un tema más tuyo que mío.
-Vaya, lo siento...

-No lo sientas, simplemente ya no tenemos cabida en este mundo.
-¿Y qué hacemos?

-Mientras estemos tú y yo, nada irá mal. ¿Crees que seguirá Dios mandando señales?
-Estoy seguro.

martes, 24 de julio de 2012

Caminos

En la vida de todo ser humano llegan momentos claves.

La gran mayoría de éstos se basan en decidir acerca de temas importantes para continuar por uno u otro camino. Siempre y cuando los dos caminos posibles sean caminos honrados le damos demasiada importancia a aquella decisión, de tal forma que podemos estar días y días con el fatídico error de pensar que si escogemos el que no debemos (sin saberlo) dentro de poco nos podemos arrepentir el "resto de nuestra vida" de aquello.

Nada más lejos, realmente no hay camino bueno y camino malo, blanco o negro, ambos caminos tienen cosas buenas y cosas malas, tienen blanco y negro. Ya de qué color queramos verlo, depende de nosotros.

A ver si a parte de evolucionar tanto en tecnología, ciencia, arte, bla, bla, bla, volvemos al origen de seres humanos tan grandiosamente representado en los niños, los cuales si tienen que elegir entre dos juguetes, cuando escogen no se ponen a llorar por no haber escogido el otro, sino que ven las cosas buenas del elegido y disfrutan sin más, y sobre todo, sin hacer daño a nadie.

jueves, 19 de julio de 2012

Estanque de agua

Leí en cierta ocasión un libro en el que un monje hablaba de un cuento similar, pero como no lo recuerdo, inventaremos una historia con una misma esencia aunque distinto cuerpo.


Este cuento tiene a un perro y un hombre como protagonistas.


El hombre daba su paseo matinal diario, cuando vio un bonito estanque de agua con plantas y flores en la superficie. Entusiasmado por tal belleza, caminó hacia él para verlo más de cerca, y percatándose del cristalino y calmado reflejo que este otorgaba, se inclinó hacia delante para buscar el suyo propio.


La escena era sublime, ese reflejo tenía algo de magia, pensaba él.


Poco a poco se iba acercando más y más al agua, aunque él no se percatase. Tanto se acercó, que en un momento determinado, una moneda cayó de su bolsillo al estanque.


El hombre, asustado, pues era una moneda de un considerable valor, comenzó como loco sin apenas haberse remangado la camisa a meter la mano en el estanque para buscarla.


El tiempo pasaba, y él cada vez estaba más nervioso porque la moneda no aparecía, pero no desistía en buscar con su mano en una y otra parte del fondo de aquel estanque, agitando todo a su paso. Sumado a esto surgía el miedo de que cuanto más tocara y removiera esa tierra del fondo, más posibilidades habría de que la moneda quedase enterrada, haciendo imposible su búsqueda.


De pronto, cuando nuestro hombre más agitado, inquieto y nervioso estaba vio caer una pequeña pelota al otro lado del estanque y un perro que iba como loco tras ella. La pelota se hundió y el perro permaneció en el borde sin meter ni tan siquiera el hocico en el agua.


El hombre, que ya había pasado por esa situación, pensó para sí mismo que si él tendría problemas para encontrar su moneda, el perro tendría más dificultades aún, por no ser un humano, por no tener tanta inteligencia como él... Y de pronto, entendió todo.


El perro no estaba parado en el borde por no saber qué hacer, estaba esperando a que el agua se calmara. Y así sucedió, en cuanto dejó de agitarse la zona del estanque que el perro tenía delante, se lanzó rápidamente, cogió la pelota con los dientes y volvió a sus quehaceres perrunos lejos de allí.


Nuestro hombre sacó la mano del estanque y cuando éste se hubo calmado, vio de nuevo su reflejo en el agua y perfectamente visible en el fondo, la moneda que había perdido.


Ya sea para encontrar una respuesta o para intentar hallar la verdad acerca de cualquier asunto, sólo lo conseguiremos usando la calma y la templanza como aliados y rechazando la agitación y el nerviosismo, que sólo nos conducirán a ver una realidad distorsionada que no existe.



domingo, 20 de mayo de 2012

Batalla

Aún cuando el guerrero estaba en el campo de batalla, seguía teniendo la esencia de aquella mujer, la mujer a la que amaba, por la que sufría, por la que moría lentamente.
Y gracias a ello comprobaba que no existe dolor suficiente que doblegue la voluntad de un corazón luchador.
Merece la pena cada herida, cada caída, cada estocada. Ella hace que todo, todo, merezca la pena.
Aquel guerrero comprendió, que luchaba por su vida, porque sin ella, la vida no tenía luz. Sin ella, la vida no era vida.






viernes, 27 de abril de 2012

Deseada lluvia

Hoy he cometido un error, un gran error.

Recién levantado he observado por mi ventana como el día estaba color "panza de burra", como decía una profesora mía en mi adolescencia. Poco después, absorto en cualquier cosa, para variar sin importancia, no he sido consciente de que empezaba a lloviznar.

Cuando media hora después me he cansado de mirar emails, Facebook, Twitter y demás causante de drogadicción sin las cuales hoy parece que no podríamos vivir, he vuelto a observar por la ventana para admirar, ahora sí, la lluvia.

En ese momento, y después de estar deseándola desde hace un tiempo, más por necesidad espiritual que física, he notado una de las peores sensaciones de los últimos años.

Hace años, e incluso pocos meses, por mi forma de ser, habría buscado cualquier excusa para salir a la calle y sentir la lluvia, sentir el aroma a césped mojado, a naturaleza. Hoy no, hoy dejé que esa pereza me retuviera. Hoy me sentí atado a estas nuevas tecnologías, las cuales incluso desarrollo, y fui incapaz de seguir a esa petición interna de salir ante la lluvia y sentir su purificación.

No obstante ,el sentimiento es agridulce ahora, ya que aunque por un lado me he sentido mal al traicionar esa tendencia natural mía, por otro me ha servido para recordar que hay ciertos detalles característicos en el alma de cada uno, que no se deben perder nunca. Y aunque suene quizá infantil, este es un rasgo que no quiero perder.

Mucha gente tiende a decir, como verdad absoluta, que determinados rasgos se pierden poco a poco a medida que el ser humano crece. Pero yo me niego a pensar en que llegue un día en el que para mi sea más importante el trabajo, o un problema personal o tecnológico, que disfrutar un regalo de la naturaleza como es esa purificación en forma de lluvia que, nunca he sabido por qué, me hace sentir más conexión con el todo.



Creo que no hace falta decir, que aprovecho este momento para escribir, porque las nubes ya no están sobre mi tejado.

Buenas noches.

miércoles, 25 de abril de 2012

Fragmento de "El Camino de la Espiritualidad" de Jorge Bucay


 Tal vez le pediría que leyera la columna que escribí hace meses para un periódico, ese texto de tono impersonal pero claramente dirigido a mi mismo:    

"Alejado de su espiritualidad el hombre crece con las limitaciones que le impone una mentalidad estancada, en la que se atrofia el deseo de perseguir lo fundamental,  especialmente cuando intenta sustituirlo con lo superfluo... Y lo más doloroso es nuestro argumento, jamás esgrimido: lo hacemos así porque sabemos (nos han enseñado, hemos aprendido) que nos resulta más sencillo ir detrás de esto que de aquello" 

Ciertamente funcionamos como aquel borracho que buscaba la llave alrededor de la farola no porque la hubiera perdido allí, sino porque dos calles más arriba donde realmente se le cayó... no había luz suficiente para encontrarla...